Llacuna

Una laguna (en catalán, “llacuna”) no nace de la nada. Detrás del grupo encontramos a cuatro sospechosos ya habituales del underground catalán de órbita punk (Eric Font, Eloi Nadales, Albert Riera, Gerard Serrano), vinculados a bandas como Hurricäde, I’M, Turnstile, Föbia, al sello DIY Saltamarges, al espacio autogestionado ATV de Sarrià de Ter o al extinguido Eclèctic de Torelló, por citar algunos ejemplos.

Con su nuevo álbum, “Incendis” (BCore, 2020), un amigo trompetista, Marçal Coll, se ha sumado con plaza fija al equipo y, ahora, la voz y la melodía son más protagonistas y la base instrumental da más juego. Si bien en el primer disco la trompeta aparecía en un trocito de la última canción, ahora ya suena en la mitad de las composiciones.

Su primera carta de presentación fue el homónimo “Llacuna” (2017), un EP que empezó a definir su seña de identidad: toda aquella música que alguien acabó bautizando como “emo” a finales de los ochenta y que a día de hoy sigue viva internacionalmente, en constante actualización. De hecho, la línea de las canciones siguen la estela melódica y vitalista de grupos emo-punk más actuales como Oliver Houston, Sport, Mom Jeans, Macseal, Dogs On Acid, Gulfer, I Love Your Lifestyle o Pet Symmetry.

Todas las canciones también están conectadas a través de unas letras escritas íntegramente en catalán y que navegan permanentemente en la dicotomía entre la desesperanza y la esperanza de unos millennials quemando su día a día, en el contexto de una sociedad capitalista sin rumbo.