Saïm es uno de esos grupos que hacen canciones que te remueven por dentro

Una de las propiedades más alucinantes que tiene la música es que te puede provocar los más diversos e inesperados sentimientos: a veces con la letra, o los acordes, o una mezcla de ambas cosas. También tiene la capacidad de transportarnos al pasado, a momentos vividos, con una efectividad que no tiene nada que envidiar a la máquina del tiempo de H.G. Wells. Esto puede ser bueno o también puede ser malo, como puede corroborar cualquiera que haya experimentado el desamor y de repente se encuentre en un bar donde suena “la canción” compartida con su antiguo amor.

Saïm es uno de esos grupos que hacen canciones que te remueven por dentro. A pesar de la energía que desprendían, tanto en Qwerty como en Accidents, sus anteriores discos, ya había frases y pasajes que escocían, que resonaban dentro de nosotros y que tenían la capacidad de hacernos pupa, tal como si nos hubiéramos tragado un bocadillo de chinchetas.

Ahora, por cortesía de las discográficas BCore Disc, Saltamarges y Bubota, Saïm acaban de sacar Fràgil, un disco que esperaba con ansia pero que los motivos citados también me creaba un cierto recelo. Sabía el efecto que había tenido en mí Accidents, en el cual a veces parecía que su cantante y letrista, Joan Roig, tenía acceso a hurgar dentro de mi directorio de rincones oscuros. Aunque una vez pasada la aprensión, he recordado que Saïm, aparte de la capacidad de ponernos melancólicos, también tienen el superpoder de hacernos sentir más vivos que nunca. El deslumbrante ruido que hacen este trío (Joan, na Natalia y Daniel), y su capacidad de crear pequeños himnos cotidianos, también nos dan ganas de saltar, bailar, desgañitarnos y levantar el puño eufóricamente, y esto, en tiempos como los que estamos viviendo de incertidumbre, control social, angustia, apatía y falta absoluta de vida social, no es poco. Sí, que queréis que os diga, aunque sea en la soledad de nuestras casas, escuchar a Saïm a todo volumen siempre será mejor para nuestras almas que ponernos a hacer el gilipollas en el balcón.

A propósito de Accidents, ya entrevisté a Joan Roig, y ya hablamos de Aina, de Antònia Font, de Dischord, del idioma, de ensaimadas y del hecho de vivir en una isla, así que esta vez me apetecía hablar de otras cosas. Al final ha salido esto que tenéis aquí abajo. Me perdonaréis, pero creo que entre los dos hemos inventado un nuevo género: las entrevistas de autoayuda punkrock.

 

 

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Antes de nada, saquémonos los detalles técnicos y la logística rápidamente del medio: ¿cómo ha sido hacer un disco en plena pandemia? ¿Cómo lo habéis hecho? Dame algún detalle para los freaks de la técnica, si quieres.
La verdad es que el disco se grabó antes de la pandemia, cuando todavía no sabíamos la que nos iba a caer. El problema fue que solo grabamos la parte instrumental. Yo no pude cantar por una infección en el cuello que me duro como medio año. Una vez recuperado, llegó el “coronita” y tuvimos que esperar a salir del confinamiento para acabar las voces, por eso acabamos haciéndolo en Mallorca con Michael en el estudio Favela.

Ves alguna diferencia entre este disco y los dos de antes: musicalmente, líricamente, en su intención?
Sinceramente, creo que no veo demasiada diferencia. Seguimos en la misma línea, intentamos ser honestos con lo que somos y lo que hacemos. Quizás nos hemos intentado complicar algo menos, con estructuras más sencillas, y líricamente sigo en la misma onda. Podríamos decir que es más positivo, pero tampoco lo tengo claro. Diría que la diferencia más grande es en en cuanto a sonido: este suena algo más potente, más guitarrero, debido al cambio de estudio. Ya sabemos que Santi [García, del estudio Ultramarinos Costa Brava] es más hardcoreta. Él ya tenía muy claro cómo tenía que sonar la guitarra, el bajo y la batería, yo no lo tenía tanto.

Cómo habéis vivido personalmente, y como grupo, el confinamiento y la supuesta “nueva normalidad”?
El confinamiento, como grupo, realmente una mierda. Nada de ensayar, ni vernos, ni poder hacer nada de trabajo. Nos ha frenado, como a todos. Como si no tuvieramos bastante con lo que nos frenamos nosotros mismos. Digamos que no ha ayudado en nada a los grupos, a la música. Y sobre todo a los grupos más “ruidosos”, que no hemos podido tocar en ninguna parte. No me veo tocando para gente sentada, con la frialdad que comporta. Nosotros entendemos la música como un momento social, de compartir, cooperar, y estar en contacto físicamente. Supongo que si esto continúa, no nos quedará de otra que reinventarnos y tocar como podamos. O hacer un concierto por streaming, pero por ahora no. No quiero que este mundo virtual gane la batalla.

Personalmente, tengo que confesar que me ha ido bien el confinamiento, ha sido un poco catártico. Cuando estábamos confinados no lo veía, pero una vez pasado he entendido muchas cosas de mi mismo y sí que me ha frenado un poco, cosa que necesitaba. Pero ahora ya se me está acabando la paciencia, el concepto de “nueva normalidad” me parece una gran cagada, no veo nada de normalidad, y menos nueva. De hecho, se parece más a una vieja anormalidad que ya vivimos antes, con este control. El otro día salí a echar la basura pasadas las 22h y la policía me paró. Hola 1984. Me indigna un poco. Es cierto que ahora mismo sí que tiene que haber un poco de freno, empatía y pensar algo más en los demás, cosa que no todo el mundo sabe hacer. Soy un gran defensor del sentido común. Entiendo que la manera de vivir es hacernos la vida algo más fácil los unos a los otros, ya es todo suficientemente horrible como para complicarnoslo todavía más entre nosotros. ¿Cómo lo tenemos que hacer? Ni idea, confiando, supongo.

¿Crees, como dicen algunos, que esta crisis nos hará mejores o eres más como Houellebecq que dice que después de esto todo seguirá igual “pero un poco peor”?
Creo que todo seguirá un poco igual, y por tanto, empeorando. Acabará por normalizarse, llevaremos mascarilla y en unos años lo habremos olvidado, somos bastante buenos olvidando las cosas malas. Le tendremos que dar la razón a Michel. Creo que necesitamos otra cosa para que las cosas cambien. De hecho, la pandemia nos ha recordado que el capitalismo se lo come todo, y no se para por nada.

¿Por qué el disco se titula ‘Frágil’? ‘Frágil’ referido a quién o a qué?
Del sentimiento de fragilidad, aplicable a todo. Todo tiene un final, y todo es frágil. Una roca acabará haciéndose pedazos, erosionándose, pero de una manera bastante más lenta. Al final todo depende del tiempo, de donde empieza y dónde acaba todo. Como las películas, que acaban bien o mal dependiendo del momento en que se acaba. Y con la pandemia se ha demostrado que somos todavía mucho más frágiles. Sabiendo esto, sabiendo que somos tan frágiles es cuando podemos empezar a hacer cosas. Es un buen orígen de todo, como el huevo de la portada.

Me gusta el contraste entre música un poco potente y al mismo tiempo tan frágil. También me gusta la lectura de “cascar los huevos”. Te he contestado?

Aparte del título del disco, también están las canciones: ‘Tristeza’, ‘Desorden’, ‘Intemperie’, ‘Contratiempo’… No parece que seas la alegría de la huerta, sin embargo hablando contigo sí pareces un tío con sentido del humor y relativamente optimista, a pesar de todo. ¿El disco también lo quiere ser, aunque no lo parezca a primera vista?
Jajajaja, hago lo que puedo. Siempre he pensado que tenemos que intentar reír y hacer reir, no hay mejor tratamiento, ya hay suficiente mierda en el mundo. Pero cuando escribo no me sale el humor, tampoco es música alegre. Me gusta moverme por la ambigüedad, intentar sugerir, o no ser evidente. Intentar no aburrir.

Me representan mucho tus letras, que denotan una visión nada edulcorada del mundo que nos rodea (“Sabes que nos caeran más hostias, nos lo hemos aprendido de memoria”). ¿Cómo se puede hacer para navegar esta vida entre el realismo (que per se comporta cierto pesimismo y negatividad) y el optimismo y/o esperanza, sin los cuales seguramente nos hundiríamos?¿O crees que con la resignación hay bastante para salir adelante?
Me gusta que te representen, no sé si es demasiado bueno. Yo creo que se puede ser pesimista-realista y seguir, poder vivir contento. Porque puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío, pero es cierto que queda menos agua que cuando está lleno del todo. Simplemente tenemos que aprender a reírnos de nosotros mismos y de todo. Quitar importancia a las cosas, y al mismo tiempo saber y tener claro qué es lo importante.

Resignarse es una opción igualmente válida y no quiere decir mala, es una opción para tirar adelante. Siempre habrá algún motivo de resignación, pero también encontraremos motivos para avanzar, la suerte es que hay muchos caminos, y nuestra misión es encontrarlos.

¿De qué hablan tus canciones? A veces parece que hablen de relaciones (de amistad, de pareja) pero después ves que no, que hay más complejidad allí de lo que parece ¿De donde sacas la inspiración?
Con las canciones siempre empiezo por mí mismo, por lo que pienso o lo que me pasa. Y sí que hablo de relaciones, de personas que están o que han estado, amigos, conocidos, etc. Intento mezclar dos temas y jugar entre ellos, hacer símiles, utilizar metáforas o simplemente asociar ideas. A veces pienso que son demasiado evidentes y a veces me meto sin querer dentro de un laberinto. Sea como fuere, así se quedan. No quiero ser demasiado claro, es importante sugerir, hacer pensar, incluso que se puedan sacar más ideas de las que realmente hay. Que sean letras vivas, que impulsen un poco a la búsqueda de uno mismo. Pero quizás no lo consigo y se queda solo en frases mal puestas. La cuestión es intentarlo.

No sé si se puede decir inspiración: tengo días en que escribo mucho en una libreta o en el bloc de notas del móvil. A veces me inspiran unas imágenes, una película, un libro, un cartel por la calle (los cuales nunca leo), una frase, un momento del día, un recuerdo, un objeto que tienes desde hace tiempo. Puede inspirarte una conversación con un desconocido o un mensaje cualquiera de whatsapp.

En ‘Contratemps’ cantas “dejas rastro en medio de los desastres, nos reinventamos, nos “diazepamamos”. ¿Qué quieres decir con esto? Va, pruebo de adivinarlo yo: ¿quizás que la vida consiste en los desastres que nos ocurren, las reinvenciones que tenemos que hacer para probar de arreglarlos, y los diazepam que tomamos mientrastanto para pasar el mal trago? ¿Lo acierto? ¿O qué querías decir?
No sé qué puedo añadir, lo has explicado muy bien. Era una excusa para jugar con la palabra diazepam, forma verbal de la primera persona del singular de diazepar. Arreglarnos, porque siempre hay alguna cosa rota.

“Tristeza, me alegra disfrutarla”. ¿De verdad? Desarróllame esto Joan, por favor.
La tristeza es una mierda pero tiene cosas muy buenas. Por ejemplo, cuando estoy triste es cuando tengo más ideas y soy más creativo. Las letras me salen solas. Después lo leo y igual es una patata, pero son semillas para llegar a otra cosa. La tristeza no es mala, es la felicidad en potencia. Si siempre estás contento, ¿como sabes que lo estás realmente? Necesitamos estar tristes, necesitamos estar abajo para valorar y poder disfrutar el estar arriba en un momento dado. Para saber que estamos contentos, antes tenemos que saber qué es estar triste de verdad.

Muchas de tus letras son en segunda persona del singular. ¿Quién es esa persona con la que hablas? ¿Hablas contigo mismo? ¿Cambia en cada canción? ¿Hablas con el oyente, con amigos, ex-parejas? ¿A quien te diriges?
Normalmente hablo conmigo mismo, como si fuera un personaje o un amigo. Sin intención de pontificar ni adoctrinar. Decir lo que pienso, lo que siento, ahora y aquí, a veces una idea o un pensamiento abstracto. También puedo dirigirme a quién escucha, pero prefiero que quien escucha se sienta como la primera persona. Que participe. No quiero contarte mi vida ni tampoco aconsejarte.

Cuando te contacté para concertar la entrevista, acabamos hablando de problemas personales compartidos: de separaciones, de angustias, de ansiedad, de depresiones, de pastillas y de tratamientos… Creo que empecé yo (lo siento) pero tú me dijiste que te había emocionado, porque, en tus propias palabras, “a veces necesitamos charlar de verdad y abiertamente de las cosas, ya estoy harto de siempre quedamos en la superficie”. ¿Por qué crees que se habla tan poco de la salud mental? ¿Por qué se estigmatiza tanto, si el capitalismo nos vuelve tarados a (casi) todos?
Uri, somos unos emos. Y ya está.

Me encantó que llegáramos ahí en nuestra conversación. No es fácil hablar de todo esto, supongo que entre tú y yo, nos es fácil porque no nos tenemos la confianza suficiente como para evitarnos. Normalmente evitamos el tema, también lo dijiste tu: cuando uno está bien no quiere escuchar los problemas de los demás. Yo creo que a todos nos puede tocar. Sí que veo que de cada vez se habla más de ello: de psicólogos, de medicación, de terapia. Estos últimos años he hablado bastante de estas cosas con personas que me he ido encontrando. El resumen es que la mayoría sufrimos de una cosa u otra. Cómo tú bien dices, el capitalismo nos vuelve idiotas a todos, y nosotros mismos tampoco hacemos mucho por evitarlo. El egoísmo, la avaricia, el miedo… Creo que nos tenemos que ayudar, intentar hacernos la vida más fácil los unos a los otros. Ese tendría que ser el sentido de la vida. Si todos lo hiciéramos, ¿qué podría salir mal?

En relación a la anterior pregunta, el otro día leía una tira de Roger Peláez en la que citava a Mark Fisher, cuando habla de la patologización de la clase obrera, la cual aislada individualmente, acaba creyendo que los problemas y conflictos colectivos son paranoias personales, y que una vez estemos todos convencidos de que los enfermos somos nosotros y no el sistema, éste ya se encargará de que no nos falte la medicación. ¿Qué piensas de eso que dice Mark Fisher vía Roger Peláez?
Me encantan los dibujos de Roger Peláez. Pienso que es un poco así, aunque también es muy complejo y difícil de generalizar. Pero siempre ha sido así, quieren que todos seamos iguales, quieren asegurarse de que si no eres igual que los demás, eres un problema. Lo estamos viendo ahora mismo. Por ejemplo, mi padre no quiere tener móvil, pasa de él, piensa que estamos todos alienados con los móviles, y tiene razón. ¿Qué pasa? El sistema hace que necesites el móvil para todo. Y el tema de la medicación, del psicólogo, nos hacen entrar en unas dinámicas donde nos dicen que debe ser así, y si dudas, si lo cuestionas acabas con ansiedad, depresión, etc. ¿Y la medicación que es? Como el Soma de Un mundo feliz, para anestesiarnos, tenernos controlados y medio dormidos. Nos quieren contentos, que no nos quejemos demasiado, que tengamos lo mínimo para pensar que estamos bien, que pensemos que tenemos suerte. Y sobre todo quieren que tengamos miedo a perder esta supuesta comodidad. El sistema es éste: o estás dentro o estás en contra. Los diferentes molestan. Creo que nuestro deber es hacer entender que todos somos diferentes, que todos somos libres de ser quien queramos y como queramos. Que hay lugar para todos.

El otro día una amiga me dijo que creía que todos sus problemas mentales venían de ser neurodivergente, de no sentir o pensar como la mayoría de personas. Yo le dije medio en broma que esto no era ser neurodivergente, que esto era ser punk, y ella me respondió que también, porque la mayoría de punks tenían trastornos de adaptación. ¿Tú como lo ves? ¿Eres más punk o más neurodivergente?
¿Y eso no es ponernos una etiqueta para justificarnos o excusarnos? Diría que todos tenemos un punto neurodivergente porque todos somos diferentes y nuestra cabeza funciona diferente, ya sea biológicamente o por la experiencia vivida. Está claro que algunos nos podemos adaptar más al sistema que otros. Y así pasamos desapercibidos. A todo esto, me gustaría mucho más ser punk.

En ‘Enemic’ cuando cantas eso de “Té presente a mi peor enemigo, siempre a mi lado. Abierto 24 horas” supongo que te refieres a ti mismo. ¿Realmente somos todos nosotros nuestros propios peores enemigos?
En mi caso concreto, sí soy mi peor enemigo. Pero en la canción quería hablar de las incoherencias de cada uno. Eso de quejarnos y no hacer nada para cambiarlo.

También dices que, por muchas cosas malas que nos pasen, “el amor sobrevivirá porque estaremos preparados para empezar a bailar”. Aunque a menudo haga daño, el amor, y también el baile (la alegría, vaya) son lo único que nos puede salvar, ¿verdad?
“Salvar” en el sentido que “esto es lo que me llevo” el “que me quiten lo bailao”. Sería más un canto al ahora, a vivir lo que tenemos, el momento, el instante. No sabemos cuando llegará el fin del mundo. Cada cual vivirá el fin de su propio mundo. Pero mientras estemos, vamos a vivirlo, a disfrutarlo y a bailarlo. Y de verdad pienso que el amor (hacia una persona, animal o cosa, y hacia un mismo) es lo que nos une, lo que nos puede ayudar, lo que nos hace ser más empáticos, lo que hace que nos cuidemos los unos a los otros sin esperar nada a cambio y lo que hace que podamos reír y estar contentos un día de mierda cualquiera.

Para acabar querría que nos explicaras un poco qué cosas culturales te han flipado últimamente. ¿Qué has leído, visto o escuchado que te haya distraído, hecho reír, emocionado o te haya hecho recuperar la fe en la humanidad?
La fe en la humanidad no la tenemos que perder nunca, a pesar de que sea una idea que no nos acabemos de creer. Los últimos libros que me han hecho creer en ella: Los detectives salvajes de Bolaño, Las Posesiones de Llucia Ramis, La canción de la llanura de Kent Haruf… De música no estoy demasiado al día de lo que se lleva ahora, pero de lo último que he escuchado y me ha hecho vibrar un poco: Metz, Idles, Snail Mail, Soccer Mommy, Lucy Dacus, Protomartyr, y el otro día revisité a Aina y nunca pierden con el tiempo.

El cine últimamente no me está haciendo vibrar y mira que me encanta. Algunas series: Years and years, The Leftovers, El colapso…

 

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Uri Amat (Barcelona, 1973)

Lleva pisando estos campos del Señor desde hace más de 40 años. Su larga “militancia” en el underground empieza en su pre-adolescencia, cuando empieza a editar fanzines con su hermano mayor bajo los nombres más estrafalarios: Rowed Out!, Hangover y La Escuela Moderna son algunos de ellos. También ha estado implicado en otras publicaciones en las que, incomprensiblemente, le han dejado colaborar: la revista de tendencias AB, el fanzine Absolut de BCore y su posterior encarnación digital o el blog Gent Normal, entre otros. Nunca le han pagado ni un céntimo por ninguno de sus artículos o entrevistas. Pero como decimos en catalán: “ací caic, allà m’alço”. Actualmente se dedica, cuando sus retoños se lo permiten, a ir a trabajar en bicicleta, visitar bibliotecas y beber en bares de viejos. Éstas (bicis, bares y bibliotecas) son las tres “B” básicas de la ciudad utópica fourierista en la que ingenuamente cree vivir hoy en día, mientras a su alrededor todo se derrumba.