John Simon, el productor desconocido

Hay una clase de tipos a los que uno tiende a admirar con asombro, una noble estirpe de los que han hecho mucho, muchísimo, por alguna disciplina y encajan esos logros con tal naturalidad, sin afectación, como si fuese algo tan normal como ir a hacer la compra. El arrollo del ego les pasa de largo, parece que ni les moje los pies. Y por eso, precisamente, nunca acarrearán titulares. No es que su obra hable por ellos -o por ellas, claro-, es que ni se les ocurre que para reivindicarse se tenga uno que poner las mejores galas y decir las ocurrencias más banales mientras se mete de todo y dispara al aire con su revólver.

Los productores de los sesenta

Los productores musicales fueron también semidioses adorados tanto por la industria como por los propios artistas y hasta por los fans. Es la historia mil veces contada. El iracundo Phil Spector y su apabullante muro de sonido; el ingenioso hidalgo Brian Wilson y sus sinfonías pop adolescentes; la mezcla de clasicismo y vanguardia en George Martin que aupó a los mejores Beatles; el puente entre generaciones que representó Jack Nitzsche (de mano derecha de Phil Spector a trabajar con los Rolling Stones a producir a Neil Young)… ¿Y qué sabemos de John Simon?

¿Cómo describir en palabras la cara de tonto que se le queda a uno cuando descubre que el productor de algunos de sus discos favoritos, de artistas bien dispares, es la misma persona? Conectar los puntos que trazan la carrera de John Simon como productor es un descubrimiento gozoso. ¿El debut de Leonard Cohen? Suyo. ¿El punto álgido en la carrera de Simon & Garfunkel? Suyo, en gran parte, también. ¿El salto a la fama de Janis Joplin con Big Brother & the Holding Company? Suyo, sí. ¿Los dos primeros discos de The Band? Sí, suyos, suyos.

Mirado con perspectiva, solo por esos cinco discos John Simon ya merecería estar en esa lista de los  productores que forjaron esa etapa gloriosa del rock’n’roll que va de mediados de los sesenta a principios de los setenta. Fue un productor estelar sin ser un productor estrella y él mismo tiene una explicación convincente al respecto: “El caso es que siempre se ha tratado del disco del artista. No forzaré nada en un disco que vaya en contra de la esencia del artista. No soy un productor tipo Phil Spector, que sabe de antemano que quiere escuchar su propio sonido… Estoy al servicio del artista”. Estas declaraciones suyas en una entrevista de hace pocos años nos vislumbran su método más que cualquier análisis detallado de sus sesiones en el estudio con toda esa tropa de artistas mayúsculos. Y también por eso cuesta seguir sus huellas, su rastro personal en esas grabaciones clásicas. Lo que servía para Cohen no servía para Janis. Lo que ponía a cien a Paul Simon dejaba frío e indiferente a Robbie Robertson.

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De Princeton a Columbia

John Simon nació en 1941 en un pueblo del pudiente estado de Connecticut. Hijo de un médico rural, este le enseñó a tocar el piano y el violín ya a los cuatro años. Se educó en Princeton. Músico y compositor precoz, en sus inicios escribió musicales y lideró la banda de su universidad, interesado tanto por el jazz como por la música popular. Pronto entraría en Columbia Records, donde le encargaron trabajos de lo más dispares, desde grabaciones de obras de Broadway hasta discos audio-documentales, como los del senador y furibundo anti-comunista Joseph McCarthy o ‘The Medium is the Massage’, la adaptación sonora de los escritos del reputado teórico de los medios Marshall McLuhan.

En 1966 arregló y produjo el sencillo “Red Rubber Ball” para The Cyrkle (grupo apadrinado por Brian Epstein), tonada pop en la onda Beatles/Monkees que llegó al número 2 de las listas y vendió más de un millón de ejemplares. El éxito de ese sencillo le proporcionó encargos de mayor calado, como trabajar con el jazzman Charles Lloyd o encargarse de la producción y los arreglos del disco de debut de un poeta y cantautor canadiense llamado Leonard Cohen. John Simon se incorporó al proyecto de ‘Songs of Leonard Cohen’ (1967) cuando el reputado productor John Hammond cogió la baja por enfermedad. Cohen ya recelaba de la idea de Hammond de incorporar músicos de sesión a la grabación y acabó chocando con John Simon cuando este le trajo hasta un batería. Un sacrilegio para un Cohen que quería un disco austero, de voz y guitarra. La verdad es que hoy en día la producción del disco sigue siendo una maravilla, el tono sombrío de Cohen casa a la perfección con una instrumentación mínima, pero efectiva, que le otorga cualidades casi mágicas. Un clásico de cabo a rabo para el que John Simon tuvo que renegar, ni fuera un poco, de su credo de estar al servicio del artista.

El siguiente encargo de Columbia fue otra perla que acabaría teniendo estatus de clásico. A mediados de 1967 John Simon se incorporó a la grabación de ‘Bookends’ (1968), de Simon & Garfunkel. Paul Simon ya tenía algunas canciones para el disco que habían salido como sencillos en los meses previos, “A Hazy Shade of Winter” y “At the Zoo”. Con John Simon grabaron “Punky’s Dilemma”, “Overs” y “Save the Life of My Child”. Esta última es la quintaesencia de esa grabación, una producción moderna, arriesgada, con un bajo hecho con sintetizador por el propio Bob Moog y el uso cacofónico de “The Sound of Silence”, la propia canción de grupo. Una producción que evoca el desconcierto urbano (y suburbano, claro) de esa generación. Las sesiones para el disco fueron largas y caras, con músicos de sesión por doquier y perfeccionismo detallista que les llevó a emplear cincuenta horas de estudio para acabar una sola canción.

johnJohn Simon y The Band. Fotografía de Elliott Landy

John Simon y The Band

A finales de 1967, John Simon abandonó Columbia siguiendo el consejo de establecerse por su cuenta que le dio Al Kooper. En esa época prolífica, Simon trabajó con Blood, Sweat & Tears, Gordon Lightfoot, The Electric Flag, Taj Mahal, Gil Evans, Mama Cass, Peter Yarrow (Peter, Paul and Mary) y también conoció a Albert Grossman (el mánager de Bob Dylan), cuando coincidieron en Woodstock (la ciudad, no el posterior festival que se celebró cerca de allí). También fue en esos meses cuando les propusieron grabar el segundo disco de Big Brother & the Holding Company, la banda de psicodelia rock de San Francisco, su clásico ‘Big Thrills’. Es conocida la anécdota de una Janis Joplin viéndolo tocar el piano para la grabación de otro disco e increpándolo por no haberlo hecho antes en su disco.

En su paso por Woodstock, John Simon también se cruzó con The Band, como no. La banda del Bob Dylan eléctrico se encontraba cerca de allí, en West Saugerties (Nueva York), en la famosa casa Big Pink, en el sótano de la cual grabarían ‘The Basement Tapes’ (1967, editado en 1975) y compondrían gran parte de su primer álbum, ‘Music from Big Pink’ (1968). John Simon fue rápidamente conocido como el sexto miembro de The Band, haciendo las labores de producción, arreglos e instrumentista ocasional en sus discos.

Con ellos grabó el clásico debut y el segundo álbum, el imperecedero ‘The Band’ (1969), uno de esos discos donde se para el tiempo, un anacronismo excelso con el que reinventan la música norteamericana partiendo de sus raíces. Se considera que el género Americana tiene su punto de partida en este disco, por su mezcla sin tapujos de rhythm & blues, ragtime, folk, country y rock’n’roll. Un hito. La colaboración de Simon con The Band sería fructífera a lo largo de los años, pero él recuerda con predilección la dirección musical de The Last Waltz, el concierto de despedida de la banda, con todos sus ilustres invitados, una especie de Olimpo del rock de los setentas, el 25 de noviembre de 1976.

El disco de John Simon

No querría acabar este sucinto repaso a los años dorados de John Simon como productor sin mencionar su propio disco de debut, ‘John Simon’s Album’ (1971). Un disco excelente que le emparentaba con las composiciones de Randy Newman, los propios The Band (Rick Danko, Richard Manuel y Garth Hudson colaboraron en él) o Brian Wilson. Fue Paul Simon el que le animó a hacer carrera en solitario cuando escuchó algunas de sus canciones. Su decisión de no salir de gira para promocionar el disco hizo que apenas tuviera recorrido, que pasara desapercibido. Él prefirió seguir trabajando de productor y no malmeter su reciente matrimonio. Hoy en día aún sigue felizmente casado -con la misma mujer- y aún toca regularmente en clubs con su trío de jazz. El bueno de John Simon.

Fotografía de portada:  John Simon en Japón durante la gira de promoción de “Out On The Street” (1992)


Pere Agramunt (Vilanova i la Geltrú, 1977)

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Músico (La Brigada). Intenta escribir las palabras justas en diversos parajes (Gent Normal, el culturista). Durante años escribió para El Punt/Avui y otros fanzines serios. Fue director artístico del festival Faraday (2004-2012). Coeditó la revista Encanal (1999-2003). Estudió algo de Humanidades y se compró una Rickenbacker. Ahora también programa y sirve copas en el Bar Italia. @pereagramunt