El poeta salvaje

Martin Newell es mi amor secreto, porque es un punto de partida sólido del “háztelo tú mismo”. Le gusta la frase “no sigas los pasos de los antiguos, pero busca lo que ellos buscaban”. A mí también. El poeta salvaje, que sentencia que el buen pop es fruto de hacer las cosas rápido, empezó en 1972, pero hasta 1979 no se puso a hacer sus canciones de tres minutos, erráticas, sencillas y bonitas, con los The Stray Trolleys. Un poco por impaciencia y un mucho porque es un hombre de espíritu libre. El señor Newell en 1980 se grabó sus canciones y las sacó de manera casi secreta con el pseudónimo The Dead Students, para esquivar la compañía discográfica.

En su fabuloso proyecto The Cleaners from Venus, junto a Lol Eliott, hay de todo un poco; como siempre lo bueno es territorio de nadie o territorio de todos.

Harto de que las empresas de música dijeran qué hacer, pensó que era mejor vender doscientas copias de sus casetes que perder la libertad y el amor por lo que hacía. De hecho, la cola del paro es un tema recurrente, sobre todo al principio, como lo ilustra la canción “Young Jobless” o “Sylvie in Toytown”.

Un tiempo después, surgió su fabuloso proyecto The Cleaners from Venus, junto a Lol Eliott, y en él hay de todo un poco; como siempre lo bueno es territorio de nadie o territorio de todos. Ambos trabajaban en un restaurante limpiando cazuelas y utensilios de cocina y libraban los lunes, el día que grababan. Los limpiadores de Venus son los hombres que construyen canciones maravillosas y genuinas, todas, verdaderas ráfagas de luz.

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A Martin Newell también se le conoce por The Wild Man of Wivenhoe, y es un señor fino y brillante que aún ahora graba canciones con tul. Es el señor de la ironía sutil y del compromiso valiente. Nuestro amigo es un músico yoísta, un poeta bohemio decimonónico que me recuerda a William Blake, el poeta romántico de las canciones de inocencia y de experiencia, que se ilustraba sus propios poemas en 1789.

Yo querría haberla recibido, esa caja de música de plástico, que como todo lo más serio, es una broma. Uno de esos casetes contenía una canción que se llama “So This Is Modern Jazz, Is It?”. Y sí, en ella se pone a cocinar su chiste de qué es el jazz entre la bruma de su sonido sucio/limpio de traqueteo de tren.

No pienso hacer ninguna alusión a otro grupo, qué hastío, que sí, que nos suena a todos y a ninguno, vale.

En “Minimal Animal” hacen de rastafaris con xilófono. Sus ocurrencias me suenan a Carnaval, a disfraz. Luego, claro, “Wivenhoe Bells”, campanas épicas y el eco de pianos que pasan por detrás, y te hace sentir el yugo del lamento subterráneo del domingo gris de Wivenhoe. The “Rainy Decade” también es hermosa, corta, sin voz, de bailar, no pasaba nada y era una fiesta. En la jungla urbana meten ruidos de cosas que suenan a piedras y cristales, mientras dicen sin ganas “Urban jungle” con una salmodia machacona, como el bajo de la canción.

No pienso hacer ninguna alusión a otro grupo, qué hastío, que sí, que nos suena a todos y a ninguno, vale.  “Modern TV” ¡uuuuuuuuuuuhhhhhhhh modern tivi! Tecladitos alegres para la burla, no pararía. Cada canción es mejor que la anterior. No he hablado de “Marilyn on a Train” ni “Only a Shadow” ni “Alien” porque llego tarde y porque es lo mejor de lo mejor.

Escuchad la serpiente de los que limpian el espacio, veréis con qué cromatismo decadentista pintan el otoño y el color dorado, el bajo que escribe recto, ironía lírica, brillante, sin miedo, guitarras justas de toquecito preciso, hermoso todo lo que nos regala Martin Newell, el hombre salvaje.

Fotografía de portada Soundchips.

 


Blanca Nuño Serra (Barcelona)

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Cantante y bajista de Les sueques, ejerce de profesora y traductora. Es miope y antigua. De credo dadaísta, es mala contando chistes. Ayuda con el fanzine Cor Pelut, y ha colaborado en otros proyectos hermosos, siempre desde la profundidad de la piel.