Divino Fracaso

Señora, su hijo puede ser todo o nada.

“Divino Fracaso” – Biznaga (Centro Dramático Nacional, Holy Cuervo/Gran Sol, 2014)

 

Hace poco más de un año, la gente de La Castanya, sello que nos ha editado dos larga duración a Beach Beach y que, además, hacen las veces de mánagers, nos pidieron una lista de todos los conciertos que habíamos hecho desde el inicio de los tiempos. La verdad es que nunca habíamos contabilizado las veces que hemos tocado en directo, pero después de varios días de pesquisas, que incluyeron una zambullida en mi antiguo Fotolog (gracias a Dios que lo cerraron, porque menudo plasta estaba hecho) y una revisión de mis primeros pasos como pésimo community manager, logré recopilar más de 100 recitales (y subiendo), el primero del cual fué en una fiesta de unos amigos, alrededor de estas mismas fechas, en el Pont d’Inca (Marratxí) hace nada más y nada menos que 10 años.

La verdad es que este ejercicio de nostalgia en favor de que nuestra querida SGAE recaude guita y, salvo aviso y con dicho historial en mano, se lo quede para irse de cañas sin decirnos nada, me recordó varios episodios bonitos de nuestra, aunque pequeña y humilde en términos anchura, dilatada carrera en términos de longitud (valga la contradicción). Hablo por ejemplo de nuestro primer Festival Hoteler, en Vic, cerrando ese aquelarre osonenc un 18 de setiembre de 2010, o aquel concierto junto con Furguson y Aliment en el Club de Tenis Pompeia (Montjuïc) el 14 de mayo de 2011 bajo un aguacero memorable, o el concierto de Glasgow del 1 de abril de 2015 en la sala Mono, propiedad de Stephen Pastel y con Gerard Love de Teenage Fanclub a los platos amenizando la velada. Todos ellos tienen un denominador común: ninguno de esos conciertos fue memorable ni a nivel de repercusión más allá del anuncio en los cuatro blogs de siempre, ni tuvieron una afluencia de público para enmarcar y recuerdo que, en al menos 2 de las 3 actuaciones que he mencionado, no tocamos especialmente bien, ya sea por la ingesta de alcohol, o porque nos caía gente encima fruto de un eufórico pogo (adoro tocar pop y que la gente se mueva al ritmo del más primitivo de los mosh pits), o porque directamente nos olvidamos de una tercera parte del set, después de tocar todas las canciones como si nos fuera la vida en ello.

Nueva_Vulcano_IkramNueva Vulcano en el Festival Hoteler (2014, Vic). Fotografía de Ikram Bouloum Sakkali.

Es así: la mayoría de conciertos, si uno no hace caso de las fotos del evento, pasarían sin pena ni gloria para la mayoría de gente interesada en hacer dinero con esto. “Pues vaya mierda” dirán ustedes. Tienen todo el derecho a pensarlo, pero la verdad es que, como ya he defendido en otras ocasiones, la carrera de un músico, nunca he creído que se sustentara sobre sold outs en salas suntuosas con ejecuciones perfectas. Eso viene luego (o ni viene), pero lo que hace que quieras continuar aporreando un instrumento mientras te arruinas alegremente son, precisamente, los conciertos, las giras o las canciones los cuales mucha gente calificaría de rotundo fracaso. Sí amigos, la carrera de un músico crece sobre los cimientos que conforman los oficialmente llamados fracasos, y no me cansaré de repetirlo. Porque hay fracasos que te dan una fuerza sobrehumana para continuar. Detrás de ellos ves amor, dedicación y respeto, y eso es la gasolina que nos mueve.

Abandonando temporalmente el tono lacrimógeno de este escrito, tengo que decir que también hay fracasos de los de verdad. Con Beach Beach, o con otros proyectos donde he tenido el placer de colaborar, he ido hasta donde Jesucristo perdió la alpargata para tocar para 0 personas (unas veces en sentido figurado, otras en sentido literal) y que no tengas dinero ni para pagarte un hostal. Ah, y también he tocado en un escaparate de una tienda de Passeig de Gràcia en un evento con un nivel de exclusividad ridículamente alto, en el que tanto daba que estuviéramos nosotros, como cualquier otro grupo con una media de edad de alrededor de unos 25 años, como un DJ aleatorio, o como una pantalla de plasma con videoclips, que total la gente estaba allí para ver, dejarse ver, beber gintónics (que asco, por dios) y lucir palmito. Nada fuera de lo común en estos tiempos que corren, por otra parte.

Aliment_IkramIgnasi de Aliment en el Festival Hoteler (2014, Vic). Fotografía de Ikram Bouloum Sakkali.

“Oh, pero es que estas cosas son las que te abren puertas” pues mire usted, hablemos primero de qué puertas y de si estas se vuelven a cerrar una vez las cruzas o no, porque a lo mejor perdemos un dedo, una mano, un brazo o la dignidad entera por el camino. Bueno, vale: la dignidad es difícil perderla en estos tiempos que corren, porque en esto de ser personas íntegras y poder alardear de ello (otra vez: que asco, por dios), empezamos todos de cero. Aún así, hacer creer que no tener una trayectoria que suba como la espuma, que el fin último no sea tocar en festivales (cuando, muchas veces, ni se está preparado para defender tropecientos vatios de sonido, ni se sabe como gestionar un espacio escénico de dimensiones catedralicias) es un incontestable fiasco me parece, como mínimo, mezquino.

Los barómetros que miden el éxito de una banda a veces se olvidan del respeto que se merece el público pequeño. En el libreto de la Peel Session de Aina (B-Core, 2003) Kiko Amat escribía que echaría de menos “las noches en que nos encerramos como en los mejores secretos (…) sin contárselo a nadie, sin que nadie lo supiera, y nos pegamos codo contra codo en clubes ínfimos, al mundo grande, vasto, hinchado, máximo, se le escapó algo por entre los dedos, algo que no vieron pasar; zumbando, rápido”. Lo admito: yo también peco de romántico y, sin deslegitimar las ansias de crecimiento de un grupo (casi siempre necesarias, sea en la dirección que sea, para evitar el aplatanamiento), pienso que no es justo que el amor esté tan poco de moda y el cinismo y la frivolité, por contra, lo esté tanto. Porque os lo juro: ser capaz de aguantar a la misma gente, encerrados ya sea en un local o en una furgoneta, oliendo a sobaco durante años y años requiere toneladas de amor, y para mi esto ya es petarlo.

Fotografía de portada: L’Hereu Escampa en el Festival Hoteler (2013, Vic). De Ikram Bouloum Sakkali


Tomeu Mulet (Mallorca, 1987)

Tomeu_Mulet

Bartomeu Mulet Riutort nació en Mallorca en 1987 y lleva viviendo en Barcelona desde 2008. Diseñador gráfico y músico (actualmente en Beach Beach, Polseguera y, esporádicamente, Dofí Malalt). Colabora o ha colaborado con blogs como Gent Normal y 40Putes. Le gusta la cocina mallorquina y el Jack Daniel’s. Odia pintar persianas.

Fotografía de Lluís Huedo.