‘Banned in DC’: Epílogo a la 7ª edición (parte I)

Intro (por Uri Amat):

Si hubiera que decidir el hermanamiento de ciudades por sus inquietudes musicales, no habría candidatas más idóneas que Barcelona y Washington DC, pues parece que todo aleteo hecho en la capital de los Estados Unidos reverbere de manera especial en la ciudad condal, especialmente en el entorno de BCore, esta casa. No sabemos exactamente quien empezó ni cuándo: posiblemente fueran Subterranean Kids, a mediados de los 80, poniendo el ojo en Minor Threat cuando poca gente de aquí los conocía. O, pocos años más tarde, con BCore mismo tomando como ejemplo a Dischord Records, no sólo en lo que a música se refiere, sino también en una manera de hacer las cosas. Y después de eso, la influencia innegable de los grupos del Revolution Summer (Gray Matter, Embrace, Rites of Spring, Soulside, Three, Dag Nasty) y los que surgieron un par de años más tarde (Fugazi, Shudder to Think, Jawbox,…) en muchos grupos, como Childhood o Aina, que nacidos en el entorno hardcore barcelonés empezaban a abrir sus miras.

Dice la historia oficial de BCore que la proyección internacional del sello fue lo que llevó a su entorno a tener un contacto muy directo con la ciudad de Washington DC, adonde se viajó para ver de cerca el funcionamiento de Dischord y allegados, lo que creó un fuerte vínculo personal e íntimo. A partir de entonces la historia de Bcore se entrelaza de manera importante con la de DC. Grupos de allí tocan, giran, duermen en sofás y van a calçotadas por aquí. Y, a su vez, gente de aquí van de gira, graban… e incluso ¡viven, trabajan y se casan allí! Como decimos no es solo una influencia musical, que también la hay (aparte de los citados Childhood o Aina, otros como Fromheadtotoe o No More Lies les deben más que unas cervezas a los grupos de allí) sino que a lo largo de los años se han ido estrechando los lazos de una relación afectuosa. La camiseta de Bcore que imita/homenajea el logo de Dischord resume en una potente imagen toda esta endogamia.

La historia de Bcore se entrelaza de manera importante con la de DC: la camiseta de Bcore que imita/homenajea el logo de Dischord resume en una potente imagen toda esta endogamia

Todo esto es para decir que, por defecto, todo lo que sucede a orillas del río Potomac interesa por estos andurriales. Y en el caso concreto que inspira este artículo se trata del hecho que, después de casi 10 años descatalogado, finalmente se haya vuelto a imprimir el legendario Banned In DC, el primer libro que se editó sobre la escena punk y hardcore de Washington DC. Ensamblado por Cynthia Connolly, Leslie Clague y Sharon Cheslow, y originalmente publicado en diciembre de 1988, Banned in DC recoge cientos de fotos, flyers y anécdotas que documentan esa comunidad, capturando así su esencia y energía, ahora con el añadido de un epílogo de Cynthia Connolly escrito especialmente para esta nueva edición, en el que narra la génesis y las vicisitudes de las autoras a la hora de editar el libro.

Este libro es importante por unas cuantas razones. La primera es histórica, ya que es éste uno de los primeros libros que documenta el punk y hardcore americanos (en esa época había Hardcore California y poca cosa más). La segunda es su interés casi antropológico, pues nos muestra los orígenes y particularidades de una escena en el momento de crearse. En esa época Washington DC. no era un sitio cool como Nueva York o Los Angeles, era tierra baldía en lo que a punk-rock se refiere; Dischord y compañía pusieron a la ciudad en el mapa musical (con permiso de la potente escena afroamericana Go-Go, que existía desde mediados de los 60, aunque con un alcance mayormente local). La tercera es que este es un libro producto del esfuerzo de tres mujeres y que muestra una escena en la que éstas empiezan a tener cierto peso específico, como se aprecia viendo el número de ellas que aparecen en las fotos, en un papel nada pasivo. La cuarta es que, por mucho que nos gusten las fotocopias y el corta-y-pega, este es un libro de calidad, profesional, bonito, que se puede vender en las librerías y que, por tanto, no está recluído en el ghetto punk/DIY (aunque sea un libro DIY, como veremos más adelante). Fiel al espíritu de la escena que retrata, quiere documentar un momento histórico (sí, las subculturas forman parte de la historia, aunque la “Historia oficial”, con mayúsculas, lo ignore) con visos de trascendencia, no limitándose a predicar a los conversos, como suele decirse. Y la quinta y última es que, contrariamente a otros libros que corren por ahí, este no es un libro académico, ni un análisis hecho por un tío aburrido con americana de tweed en una facultad de estudios culturales, sentando cátedra sobre algo que desconoce. Aunque como digo no sea un libro hecho exclusivamente para punks, sí es un libro hecho exclusivamente por punks.

Gracias a la amabilidad de Cynthia Connolly, que nos ha dado personalmente su permiso, tenemos el honor de publicar en este humilde blog el epílogo a esta nueva edición, la séptima, de Banned in DC, que iremos colgando por entregas. Esperemos que os guste tanto como a nosotros y eso haga que compréis y disfrutéis este pedazo de historia viva del punk del otro lado del charco. Vale mucho, mucho, la pena.

 
Anna y Cynthia Connolly. Foto tomada en un fotomatón. Noroeste de Washington DC, Otoño de 1981

Epílogo (por Cynthia Connolly)

Cuando en el año 2005 hice imprimir la sexta edición de Banned in DC, pensé que esa iba a ser la última. Así que anuncié que no habría más ediciones, pues estaba convencida que todo el mundo estaba ya harto del libro. Además, los negativos originales usados para insolar las planchas de impresión ya tenían 25 años de edad, y estaban demasiado deteriorados para ser utilizados.

En el año 2011, Roger Gastman me pidió las maquetas originales de Banned in DC y la portada original de Out of Step, el EP de 12” de Minor Threat, pues quería incluirlos en Pump Me Up, su siguiente exposición en la Corcoran Gallery of Art. Así que, para que hubiera copias para vender durante la exposición, decidí reimprimir el libro, pero el primer negativo digital resultó inutilizable y no pude cumplir con el plazo de entrega. La demanda por el libro continuó, y creció aún más cuando Pump Me Up abrió sus puertas en el 2012.

Así que empecé el laborioso proceso de crear un nuevo archivo digital para poder reimprimir el libro de nuevo. El proceso de imprimir una nueva edición tan fiel a la original como fuera posible me llevó más de tres años, ya que tuve que pasar las maquetas analógicas originales del libro a un archivo digital.

Con el fin de proporcionar contexto y historia, incluyo este epílogo para explicar cómo y por qué nació Banned in DC.

Dibujo original de Cynthia Connolly para el EP en 12″ Out of Step de Minor Threat, 1983

MI DESCUBRIMIENTO DEL PUNK EN LOS ANGELES

Cuando era adolescente y vivía en Los Angeles, me repugnaban las letras de las bandas de rock tradicionales, como Led Zeppelin y AC/DC, que tanto éxito tenían entre los surferos de mi barrio. Sabía que tenía que existir una escena musical que no fuera tan sexista e incluyera a las mujeres como iguales, no como objetos (en otras palabras, que fueran fans, no groupies).

Un domingo por la mañana estabamos dando una vuelta con mi amiga Patricia y encontramos un ensayo fotográfico en blanco y negro en la sección Calendar del Los Angeles Times (del 28 de octubre de 1979) que retrataba a bandas locales de new wave y punk. Nos entusiasmamos al darnos cuenta de que habían más cosas pasando allí afuera. Por esa misma época descubrimos Rodney on the ROQ, un programa de radio en la emisora KROQ que emitían los domingos por la noche. El presentador, Rodney Bingenheimer, ponía todo tipo de música: surf, grupos de chicas de los 60, grupos punks locales como Circle Jerks, Black Flag, Chiefs y T.S.O.L., así como grupos ingleses como Adam and the Ants y Orchestral Manoeuvers in the Dark. Cada semana ponía discos nuevos que aún no habían salido, y a menudo entrevistaba en el estudio a oscuros grupos punk, así que su programa nunca era aburrido o repetitivo. Empecé a grabar sus programas en cassette para poder escucharlos una y otra vez durante la semana hasta que se emitiera el siguiente programa.

Cuando era adolescente y vivía en Los Angeles, me repugnaban las letras de las bandas de rock tradicionales, como Led Zeppelin y AC/DC. Sabía que tenía que existir una escena musical que no fuera tan sexista e incluyera a las mujeres como iguales, no como objetos

Pronto nos enteramos de que el programa de Rodney llegaba a una gran variedad de chicos, muchos de los cuales se empezaban a referir a sí mismos como “punks”, y que la escena punk crecía cada vez más. Cualquier noche de la semana cientos de chicos, muchos de los cuales eran demasiado jóvenes para conducir, se las apañaban para ir desde los extremos más alejados de la cuenca de Los Ángeles hasta los conciertos punks que tenían lugar en el valle, en Orange County o en cualquiera de las “beach cities” (N. del T.: Ciudades costeras, o sea Manhattan Beach, Hermosa Beach y Redondo Beach). Con una población de diez millones,  los grupos punks tenían el apoyo significativo por parte de las grandes salas como el Stardust Ballroom o el Vex, así como de espacios más pequeños como el Cathay de Grande o el Hong Kong Café.

También me enteraba de los conciertos a través de un expositor que había en la tienda Tower Records de Sunset Boulevard en el que colgaban flyers y posters de los clubs más grandes, como el Whisky a Go-Go o el Starwood. En los conciertos siempre había punks jovencillos repartiendo flyers hechos a mano para promocionar conciertos, algunos de ellos en lugares remotos y con bandas menos conocidas. Cuanto más tiempo pasabas en la escena, más gente conocías y más oportunidades tenías de conocer a nuevos grupos y enterarte de conciertos underground, una información que no podías obtener de las revistas de música o de la radio.

Mis flyers favoritos no eran de conciertos, eran carteles con fotografías de punks y del público que asistía a los conciertos. Una joven pareja que se llamaban Nikki y Brian Tucker hacían fotos de gente de la escena cuando salían por ahí y, a continuación, producían flyers fotocopiados de gran formato con las imágenes presentadas en diferentes ángulos. Pocos días después los veías regalándolos a los punks en los mismos clubes y lugares donde habían hecho las fotos. Cada vez que repartían nuevos carteles, aprovechaban y hacían más fotos para el siguiente flyer. Cada uno de ellos llevaba garabateadas las palabras: “Fer Youz”.

 

FER YOUz vol.1 nº.2

Iba a los clubes con mis mejores amigas Patricia y Jane. Como éramos demasiado jóvenes para conducir cogíamos un autobús a Westwood y luego cambiábamos a una línea que fuera a Hollywood, un viaje de dos horas por trayecto. A veces antes de hacer el trasbordo cenábamos en uno de nuestros lugares favoritos para comer, el Ships de Westwood. Otro sitio era el Oki Dog en Santa Mónica/Gardner. Ibamos allí a altas horas de la noche después de los conciertos. A veces nos sentábamos en la parte trasera del autobús para cambiarnos y ponernos nuestra ropa punk.

Fuimos a ver una exposición sobre el movimiento vanguardista ruso, en el que una subcultura de artistas trabajaban juntos y colaboraban con pasión y resolución. Fue entonces cuando me di cuenta de que quería una comunidad creativa como esa para mí

Yo nunca llevaba una bolsa o monedero ya que eran blancos fáciles para los ladrones; además eran un engorro cuando un concierto estaba muy lleno. Así que doblaba los flyers que pillaba y me los metía en las botas junto con el dinero. Nunca llevaba identificación y nunca me la pidieron, incluso cuando sólo tenía quince años y no aparentaba veintiuno, porque los clubes estaban encantados de incorporar a una joven y rubia chica punk a un público predominantemente masculino. En algunos lugares más pequeños, pagabas una entrada y bebías tanto como querías, como si fuera una fiesta en una casa particular.

Una de las cosas que más me gustaba de la escena punk era el sentido de comunidad de pertenecer a un joven grupo de artistas y músicos de ideas afines. Salí una vez con el batería de una banda llamada The Urinals, y fuimos con su oxidado Ford Falcon rojo descapotable del ‘63 al Museo de Arte del Condado de Los Angeles a ver una exposición sobre el movimiento vanguardista ruso, en el que una subcultura de artistas trabajaban juntos y colaboraban con pasión y resolución. Fue entonces cuando me di cuenta de que quería una comunidad creativa como esa para mí, aunque para una chica sin coche en una ciudad como L.A. era difícil de encontrar.

Continua en la 2ª parte

Introducción y traducción: Uri Amat
Texto: Cynthia Connolly


Cynthia Connolly (Los Angeles, 1965)

Es una fotógrafa y artista americana. Segun su biografía: “Tomo fotografías de personas, lugares y cosas que considero que están en proceso de cambio. Quiero fotografiar paisajes americanos verdaderos y únicos y documentarlos antes de que cambien y sea demasiado tarde. La comunidad punk/alternativa de Washington, DC de principios de los ochenta influenció enormemente mi arte, aportándole una energía a mi trabajo originado por -y dirigido a- la ética “DIY” (do-it-yourself, hazlo-tú-mismo)”.

http://www.cynthiaconnolly.com/

 

Uri Amat (Barcelona, 1973)

ull_URILleva pisando estos campos del Señor desde hace más de 40 años. Su larga “militancia” en el underground empieza en su pre-adolescencia, cuando empieza a editar fanzines con su hermano mayor bajo los nombres más estrafalarios: Rowed Out!, Hangover y La Escuela Moderna son algunos de ellos. También ha estado implicado en otras publicaciones en las que, incomprensiblemente, le han dejado colaborar: la revista de tendencias AB, el fanzine Absolut de BCore y su posterior encarnación digital o el blog Gent Normal, entre otros. Nunca le han pagado ni un céntimo por ninguno de sus artículos o entrevistas. Pero como decimos en catalán: “ací caic, allà m’alço”. Actualmente se dedica, cuando sus retoños se lo permiten, a ir a trabajar en bicicleta, visitar bibliotecas y beber en bares de viejos. Éstas (bicis, bares y bibliotecas) son las tres “B” básicas de la ciudad utópica fourierista en la que ingenuamente cree vivir hoy en día, mientras a su alrededor todo se derrumba.