Do it cock

Penny Cocks

Ref: BC.222
Release date : 4 January, 2012
Format: CD, LP, Digital

LP SOLD OUT

Penny Cocks son clásicos. Suenan clásicos y lucen clásicos. Su formación es clásica: dos punks, dos skins. Matemática pura, ángulos agudos, pura trigonometría punk rock. Sus pantalones son clásicos también; la primera vez que les vi, fue en sus pantalones en lo que me fijé. ¿Esa cintura, que se abrocha por encima del ombligo? Ya no se ven pantalones con la cintura tan alta. Solo en museos, quizá. Recuerdo del 79. Sta press en vitrinas con alarma.
Pero Penny Cocks son lo contrario que piezas de museo. Sus voces estranguladas hablan de recién haber desembocado en la juventud, de haber dejado justo atrás la adolescencia. En sus caras no hay aún desagües de decepción, heridas de traición, pisadas de rendición: todo en sus facciones está tenso, pulido, brillante. Joven. El punk rock debe ser joven; esta es, quizás, su única demanda, su ley solitaria. Puedes tener tentáculos, tu piel violeta a topos amarillos, faltarte un pie; el punk rock te abrirá los brazos y te dejará pertenecer. Pobre, rico, ciego, listo, tonto o de Sant Boi; da igual, mientras seas JOVEN. About the young idea, cantaban aquellos. Lo primero es ser joven y quemar esa juventud, desperdiciarla: está para eso. Una de las canciones de Penny Cocks habla precisamente de ello: Burning down my youth. El mensaje no tiene dobles sentidos ni metáforas de otras cosas. Lo que es, es lo que es.

Me gusta todo de Penny Cocks. Me gusta su nombre y su logo. Me gusta, ya dije, su juventud. Me gusta que no sepan ni quién son Vampire Weekend o MGMT. Me gusta que vengan de un mundo perdido que se parece mucho a mi mundo perdido. Me gusta que Adri -pequeño, nervioso, fibrado, cara bonita- parezca un diminuto mod arrancado de Purple Hearts; que Marc –alto, piernas muy abiertas, diez metros de calcetín a la vista- sea un Paul Simonon de 1978; que Ignasi y Pablo sean skinheads de manual, pulcros y tradicionales, parte de una armada gloriosa que se resiste a morir. Me gusta que Penny Cocks sean revival: no tengo nada en contra de los revivals. Algunas de las mejores canciones de la historia vienen de un revival. Y aún así, revival no es una buena palabra: clásicos es mejor. Pennyocks tienen canciones que son clásicos en ciernes.

Para encontrar las influencias de esas canciones no hace falta una excavadora John Deere. Sus amores están a ras de suelo. Hay SLF y Undertones y mod revival en su himno, Down the underground, con su fantástico parón-con-tensión-elevadiza en medio. También hay un parón en el himno Burning down my youth, que parece de Generation X y tiene letra como de Generation X y todo en él recuerda a Generation X. I like it ostenta tambores de graderío a lo Sham 69/Rejects, que endulza una melodía de pop punkoso 1977. Playing with fire se titula igual que una canción de TV21, pero no es la misma; esta es suya, pero luce igual de mod 1984, con su aire a The Blades y The Moment, sus celestiales trompetas de pobre. Obsession girl tiene trompetas también, igual de desvencijadas y maravillosas y atropelladas: como unos Small Hours con prisas. Qué narices: como The Saints cuando incorporaron vientos y a Iain Shedden, que estuvo también en The Jolt y, por supuesto, Small Hours. Todo encaja. ¿Esos nombres, riffs e historias? Hay que recordarlos. Pennycocks hacen un ejercicio de memoria en Don’t look at me, que tiene el mismo riff que el No reply de Buzzcocks. Es un gran riff. Yo pienso: ¿Para qué cambiarlo? ¿Qué necesidad hay de camuflarlo? Penny Cocks debieron pensar lo mismo.

Penny Cocks son, acabemos con esto, clásicos y jóvenes. Es ahora el momento de capturarlos. El punk rock nunca ha tenido un envejecimiento encomiable ni particularmente digno. Este disco es la instantánea de una banda en la cúspide de su poder, quemando barcos y sin que uno solo de sus miembros piense en su futuro o evolución musical. Si pestañeas, te los pierdes, y te los pierdes para siempre. Lo digo en serio: para siempre. El momento es ahora. No hablemos más.

Kiko Amat, abril de 2012